Houston, TX USA.

Toros de Pueblo

Hacienda San Francisco: Provincia del Tungurahua

Este tradicional festejo taurino muy popular, siempre hemos realizado en conmemoración religiosa a «San Francisco de Asís»,cerca de la hacienda «San Francisco» de mis padres Paquita y José Abel, hermanos: Teresa, Luis y Mariana; CantonTisaleo – Provincia del Tungurahua, donde compartían también familiares amigos y junto a la comunidad de San Francisco, Las colchas eran premios de floridos colores que donaban a los mejores espadas y voluntarios que toreaban.
El ganado bravo para las corridas venia de diferentes lugares, en aquella jornada, vino de los hermanos Davalos, criadero situado en las «Habrás del Nevado Carihuairazo, con su endiablado toro rey llamado el «Cuto».
Algunos de los lideres de la comuna de San Francisco, acompañaban al mayoral y a la veintena de montados a rodearlos y encorralarlos al ganado bravo. El mayoral ordena una bomba circulo donde decide quien va donde y toda la instrucción queda sellada con el «salud» de un trago fuerte p puntas para contrarrestar el inmenso frió. «Este, carajo, si es trago de a de veras». Los que parten en trios van bromeando y festejando, los que les toca ir solitos van silenciosos y con semblante serio.
Al pasar por los paramos tan majestuosos y fríos, parece inconcebible que haya gente que viva en estos «desiertos» de paja. Es un mundo tan diferente, un archipiélago de lomas y aristas y aunque parezca , no es otro que el mismo Ecuador. En estas soledades viven indígenas empujados  a las  alturas desde tiempos de la conquista; también algunos mestizos que heredaron de los usurpadores el caballo y el ganado bravo, y de los nativos el amor por el viento, el sol y los espacios abiertos
Estos son los chagras, vaqueros de altura, arrieros  de reses bravas, cuidadores de vestigios de la cultura ecuatoriana. Son gente que parece creada del mismo barro del páramo. (El Carihuairazo tiene un cráter con agua, que quedo luego de la enorme reventazón, rodeada de cantidad de piedras y material volcánico).
El humor lo inunda todo y las risas revierten cada que uno de los animales trata de, haciendo gala de su brava sangre, «botarles tushpando» a sus torturadores. Ponchos y amarros para el frió, espuelas para el caballo, huasca para el toro y un perenne humor contra la soledad del páramo acompañan a los montados por riscos y pajonales. Zigzag hasta perderse en las alturas, paciencia hasta encontrar los cimarrones.
Mientras los hombres persiguen a los bravos «Huaraz» por pajonales y «huaicos», después de largas horas de espera cuando el sol ya comienza a bajar para esconderse entre las montanas, se escucha los tan esperados mugidos del ganado que baja en estampida por la colina, rodeado por los montados a caballo; en la lontananza parecen pulgas, pero cerca se pueden observar su majestuosidad que causa miedo.
Cuando los toros ya están cerca, todos corren o mejor dicho vuelan a esconderse. Entre insultos y carreras se logra meter al corral. Uno que otro logra escaparse buscando la libertad. Los chagras, con la «huasca» batiendola en la mano y el caballo entre las piernas, se lanzan tras el renegado. Mas a las malas que a las buenas es perseguido, enlazado y traído de vuelta al corral.
El ganado duerme en el corral y esta listo para el festival taurino del pueblo. La gente brinda la chicha de «jora», aguardiente de puntas ( elaborado de la cana de azúcar) y la comida típica del lugar.